08-16-2026, 07:36 AM
La semana pasada me encontraba realizando un servicio, con mi buzo azul de obrero puesto, sin nada debajo, cuando me acordé de que tenía una cita médica, el clásico chequeo anual de cardiología, para asegurarnos de todos esos torreznos, embutido y pollas que me como durante el año no me estaban subiendo la tensión.
Normalmente me gusta ir aseado, mucho más cuando voy al médico, pero no me daba tiempo para pasar por casa, y decidí ir directo a la consulta, dando por hecho que me medirían la tensión, y como mucho me haría un electrocardiograma.
Tuve suerte porque al ser agosto no había nadie en la sala de espera. La gente no se pone enferma cuando va de vacaciones, más bien lo suele dejar para después de las fiestas de navidad, en enero, cuando están las urgencias llenas de asalariados que intentan escaquearse de ir al trabajo.
Muy rápidamente salió el doctor y me llamó por mi nombre propio. Como es agosto y casi no viene nadie estoy incluso sin asistente, me dijo. Cómo va ese corazón? Bien, le respondo, y me disculpo por llegar en ropa de trabajo. Tranquilo, me responde, que yo también tengo puesto el mío, y me señala la bata blanca, y una mata de pelo también blanco que le salía por la pechera desabotonada para pasar mejor el calor.
Me hace las preguntas de rigor, que si hago ejercicio, que qué como, que si normalmente voy tenso por la vida, y efectivamente me pide arremangarme para tomarme la tensión. 13/7 me dice, estás como un reloj.
Le pregunto que si ya está, y me dice que no, que me abra el buzo, que me va a hacer un electro. Me bajo la cremallera hasta el ombligo y se sorprende de ver que no llevo camiseta debajo. Hace calor, verdad? me pregunta, y no sé si se refiere a que hace calor en general, un calor infernal desde hace más de dos meses, o si hace calor en la consulta, donde, la verdad, se estaba bastante bien.
Me empieza a poner electrodos, y me dice que me saque también las mangas para auscultarme, total, que me quedo desnudo de cintura para arriba. Me coloca un gel en algunas partes y me empieza a pegar electrodos, y noto como que me toquetea un poco demasiado al hacerlo, sobándome más de la cuenta, sobre todo en la espalda. Casi sin querer, me empalmo, no del todo, pero lo bastante como para que el pantalón del buzo quede en posición acusadora. Él parece por suerte no darse cuenta, y se va detrás de un teclado y me dice que respire despacio, que me relaje.
Imprime el electrocardiograma y me dice que está todo bien, que se ve que hago deporte. Hombre, mucho deporte la verdad es que no, le contesto, pero la verdad es que estoy arriba y abajo todo el día. Me mira a los ojos y se acerca de nuevo a mí, y me empieza a sacar los electrodos. Yo también suelo andar arriba y abajo todo el día, aunque en realidad me gusta más ponerme debajo, me suelta, y hago como que no le entiendo.
Me saca un electrodo junto a la tetilla y aprovecha para acariciarme disimuladamente el pezón, que se pone duro como una piedra. Es la señal que esperaba. Mira un momento fuera de la puerta, ve que la sala de espera está vacía, y me dice que si tengo cinco minutos me va a hacer un holter. Le pongo cara como de que no me han hecho eso en mi vida, pero que en ese momento creo que me gustaría que me hicieran cualquier cosa, morcillón como estaba. Es poner electrodos en las muñecas y en los tobillos, para ver que el sistema circulatorio funciona como debe, me aclara.
Le digo que sí, que no hay problema, que no tengo prisa, y me arremango las perneras del buzo dejando los tobillos al aire. No, no, me dice, sácate el buzo, te puedes dejar puesta la ropa interior. No llevo puesta, le digo, por el calor. Tranquilo, que soy médico y no serás el primer hombre que vea desnudo, me responde.
Tiro del buzo poco a poco hacia abajo dejando la polla medio empalmada al aire y me doy cuenta de que se muerde el labio inferior. Túmbate en la camilla hacia arriba, me pide. Me coloca un electrodo en una muñeca, en la otra, y otros dos en los tobillos. Vuelve a su teclado, me mira, y dice: mira, es poco habitual, pero ya que estamos te voy a poner un par de electrodos más. Se acerca y me pone uno más en los huevos, donde se juntan con la base del nabo, en ese momento ya completamente erguido con tanta manipulación. Me pide que abra un poco las piernas, y me pone un poco de gel entre los glúteos, y me pone un último electrodo rozando el ojete. En ese momento le agarro la mano porque quería que me metiera el dedo hasta adentro y que me empezara a comer la polla, pero me mira y me dice: tranquilo, que yo sé lo que me hago.
Aprieta una tecla y empiezo a sentir un hormigueo en la base de la polla y en el ojete que me pone muy cachondo. El doctor sube la intensidad y me empalmo como hace tiempo que no lo hacía. No puedo evitar empezar a pajearme, ante lo que sonríe y me dice. Espera, que aquí el médico soy yo. Se pone gel en la mano y empieza a masturbarme sin agarrar, deslizando simplemente la mano con gel arriba y abajo, con una sensación que me recuerda follar un culo virgen bien lubricado. Con la vibración del otro electrodo noto cómo el ojete se me ha dilatado, y me inserta dos dedos de golpe, frotándome la próstata. En ese momento veo cómo él también se ha bajado los pantalones y se está masturbando mientras juega conmigo.
Chupámela, le digo, y se la mete en la boca hasta la garganta. lo dejo que se entretenga más o menos un minuto con ella, y le digo que pare. Desconecto los electrodos, me levanto y lo pongo contra la camilla, con el culo en pompa. Cuál es el gel, le pregunto, y me señala un dispensador. Le lubrico el ojete y me pongo más gel en la punta de la polla. Le voy a hacer una endoscopia, doctor, relájese. Y se la clavo hasta los huevos de un golpe. El gime como una perra, y me lo follo sin parar dos o tres minutos hasta que no puedo más y me corro dentro.
Todo en orden, quizá convenga hacer una revisión en unas semanas, cuando pase el calor, le digo. Puede vestirse.
Normalmente me gusta ir aseado, mucho más cuando voy al médico, pero no me daba tiempo para pasar por casa, y decidí ir directo a la consulta, dando por hecho que me medirían la tensión, y como mucho me haría un electrocardiograma.
Tuve suerte porque al ser agosto no había nadie en la sala de espera. La gente no se pone enferma cuando va de vacaciones, más bien lo suele dejar para después de las fiestas de navidad, en enero, cuando están las urgencias llenas de asalariados que intentan escaquearse de ir al trabajo.
Muy rápidamente salió el doctor y me llamó por mi nombre propio. Como es agosto y casi no viene nadie estoy incluso sin asistente, me dijo. Cómo va ese corazón? Bien, le respondo, y me disculpo por llegar en ropa de trabajo. Tranquilo, me responde, que yo también tengo puesto el mío, y me señala la bata blanca, y una mata de pelo también blanco que le salía por la pechera desabotonada para pasar mejor el calor.
Me hace las preguntas de rigor, que si hago ejercicio, que qué como, que si normalmente voy tenso por la vida, y efectivamente me pide arremangarme para tomarme la tensión. 13/7 me dice, estás como un reloj.
Le pregunto que si ya está, y me dice que no, que me abra el buzo, que me va a hacer un electro. Me bajo la cremallera hasta el ombligo y se sorprende de ver que no llevo camiseta debajo. Hace calor, verdad? me pregunta, y no sé si se refiere a que hace calor en general, un calor infernal desde hace más de dos meses, o si hace calor en la consulta, donde, la verdad, se estaba bastante bien.
Me empieza a poner electrodos, y me dice que me saque también las mangas para auscultarme, total, que me quedo desnudo de cintura para arriba. Me coloca un gel en algunas partes y me empieza a pegar electrodos, y noto como que me toquetea un poco demasiado al hacerlo, sobándome más de la cuenta, sobre todo en la espalda. Casi sin querer, me empalmo, no del todo, pero lo bastante como para que el pantalón del buzo quede en posición acusadora. Él parece por suerte no darse cuenta, y se va detrás de un teclado y me dice que respire despacio, que me relaje.
Imprime el electrocardiograma y me dice que está todo bien, que se ve que hago deporte. Hombre, mucho deporte la verdad es que no, le contesto, pero la verdad es que estoy arriba y abajo todo el día. Me mira a los ojos y se acerca de nuevo a mí, y me empieza a sacar los electrodos. Yo también suelo andar arriba y abajo todo el día, aunque en realidad me gusta más ponerme debajo, me suelta, y hago como que no le entiendo.
Me saca un electrodo junto a la tetilla y aprovecha para acariciarme disimuladamente el pezón, que se pone duro como una piedra. Es la señal que esperaba. Mira un momento fuera de la puerta, ve que la sala de espera está vacía, y me dice que si tengo cinco minutos me va a hacer un holter. Le pongo cara como de que no me han hecho eso en mi vida, pero que en ese momento creo que me gustaría que me hicieran cualquier cosa, morcillón como estaba. Es poner electrodos en las muñecas y en los tobillos, para ver que el sistema circulatorio funciona como debe, me aclara.
Le digo que sí, que no hay problema, que no tengo prisa, y me arremango las perneras del buzo dejando los tobillos al aire. No, no, me dice, sácate el buzo, te puedes dejar puesta la ropa interior. No llevo puesta, le digo, por el calor. Tranquilo, que soy médico y no serás el primer hombre que vea desnudo, me responde.
Tiro del buzo poco a poco hacia abajo dejando la polla medio empalmada al aire y me doy cuenta de que se muerde el labio inferior. Túmbate en la camilla hacia arriba, me pide. Me coloca un electrodo en una muñeca, en la otra, y otros dos en los tobillos. Vuelve a su teclado, me mira, y dice: mira, es poco habitual, pero ya que estamos te voy a poner un par de electrodos más. Se acerca y me pone uno más en los huevos, donde se juntan con la base del nabo, en ese momento ya completamente erguido con tanta manipulación. Me pide que abra un poco las piernas, y me pone un poco de gel entre los glúteos, y me pone un último electrodo rozando el ojete. En ese momento le agarro la mano porque quería que me metiera el dedo hasta adentro y que me empezara a comer la polla, pero me mira y me dice: tranquilo, que yo sé lo que me hago.
Aprieta una tecla y empiezo a sentir un hormigueo en la base de la polla y en el ojete que me pone muy cachondo. El doctor sube la intensidad y me empalmo como hace tiempo que no lo hacía. No puedo evitar empezar a pajearme, ante lo que sonríe y me dice. Espera, que aquí el médico soy yo. Se pone gel en la mano y empieza a masturbarme sin agarrar, deslizando simplemente la mano con gel arriba y abajo, con una sensación que me recuerda follar un culo virgen bien lubricado. Con la vibración del otro electrodo noto cómo el ojete se me ha dilatado, y me inserta dos dedos de golpe, frotándome la próstata. En ese momento veo cómo él también se ha bajado los pantalones y se está masturbando mientras juega conmigo.
Chupámela, le digo, y se la mete en la boca hasta la garganta. lo dejo que se entretenga más o menos un minuto con ella, y le digo que pare. Desconecto los electrodos, me levanto y lo pongo contra la camilla, con el culo en pompa. Cuál es el gel, le pregunto, y me señala un dispensador. Le lubrico el ojete y me pongo más gel en la punta de la polla. Le voy a hacer una endoscopia, doctor, relájese. Y se la clavo hasta los huevos de un golpe. El gime como una perra, y me lo follo sin parar dos o tres minutos hasta que no puedo más y me corro dentro.
Todo en orden, quizá convenga hacer una revisión en unas semanas, cuando pase el calor, le digo. Puede vestirse.
50 tacos, 1,83m, 88k, velludo sin ser un oso, mas activo que pasivo, y me gusta que me den un buen masaje de rato en rato. Limpieza fundamental, odio los malos olores.

