08-05-2025, 12:43 AM
Creí que iba a escribirlo todo del tirón pero me ha quedado un poco largo así que aquí va la primera parte.
Le había visto toda la vida en mi calle. Trabajaba de portero unos cuantos portales mas abajo y yo había pasado miles de veces delante de él. Nunca había pensado nada en particular, solo una de tantas personas que viven a tu alrededor. Era un señor de unos 60 años. Gordote, con el pelo gris y un bigotón. Era fuerte, pinta de bruto. Por la mañana llevaba su mono de trabajo y por las tardes se ponía su uniforme de portero. Siempre le veía charlando con alguien o mirando a la gente pasar apoyado con cierta chulería en un árbol en frente de su portal.
Como decía nunca le había prestado mayor atención hasta que un día le vi en otro sitio. Me lo encontré en una zona de cruising.
Tenía yo 20 años recién cumplidos y la verdad es que todavía tenía poca experiencia con esto de follar con tios. Había quedado con alguno por internet y ya había follado y chupado un par de pollas pero todavía me daba mucho reparo “el mundillo”. Cerca de mi facultad había una zona de cruising, la finca de papá, y algunas noches, si salía tarde de clase, me iba a dar una vuelta por allí. Solo para ver a la gente, quizás ver a alguien meneandose la polla y ver los condones y los pañuelos en el suelo. No me atrevía a meterme mucho entre los arbustos, pero solo ese ambiente ya me daba un morbazo que en cuanto llegaba a casa me tenía que hacer un pajote pensando en el día que me atreviera a ir a más.
En una de estas visitas vi algo de movimiento detrás de un árbol. Había poca luz pero obviamente había un tío agachado y otro agarrandole la nuca. Di un rodeo al montículo para acercarme a echar un ojo. No sé por qué calculé mal y al salir de detrás del montículo me encontré mucho más cerca de ellos de lo que había calculado. Desde ahí podía oir al mamón luchando por coger aire sin parar de chupar, y casi podía oír las babas cuando se atragantaba. La polla estaba empapada y la saliva chorreaba por los cojones. Me quedé embobado con como la tragaba y con como el otro tío no le daba respiro, llevando al límite su capacidad de tragar. Me agarre la polla por encima del pantalón, estaba cachondísimo. De pronto mi atención se fijó en la mano en la nuca. Una mano enorme y basta con los dedos un poco hundidos en su pelo. Por fin seguí aquel brazo peludo para mirar al tío que estaba dando polla y me encontré mirando a los ojos al portero. Por un segundo me quedé congelado. ¿Cuánto tiempo llevaba viendo como yo miraba?
En ese momento el terror se apoderó de mí y salí de allí tan rápido como pude. Me fui a casa con el corazón a mil. Por un lado estaba la vergüenza de que me hubiera visto alguien que sabía donde vivo. Que sabe quién soy. Por otro lado, el calentón salvaje que llevaba encima. Al llegar a casa me hice un pajote pensando en esa polla gorda empapada de babas. Traté de recordar más cosas del momento pero no estaba seguro. Recordaba el ruido de la mamada. Recordabas su mano enorme. Recordaba las babas en la barbilla del mamón. Y aunque no estaba seguro juraría recordar que cuando nos miramos él estaba sonriendo desafiante.
En la cama no paraba de dar vueltas recreando la escena pero también asustado, aunque no sabía bien de qué. Por fin me pude dormir después de hacerme otra paja mientras imaginaba si se habría corrido en la boca o en su cara.
A raíz de esto estuve un tiempo dando rodeos para no pasar directamente por su portal. Esto significaba normalmente caminar por el otro lado de la calle, pero a fin de cuentas la calle no era muy ancha y yo le podía ver. De hecho no podía evitar mirar cada vez que pasaba. Me ponía a mil verle ya fuera con el mono de trabajo como con el traje sabiendo que entre las piernas tenía ese rabo gordo y duro.
Yo que era un niñato me creía muy listo y pensaba que solo yo le estaba fichando y que él no se enteraba pero estaba muy equivocado. En una de estas un día que iba a clase por la tarde bajaba por la acera de enfrente y como siempre miré hacía su portal a ver si lo localizaba. Él estaba preparado. Obviamente tenía fichados mis horarios porque nada más mirar le vi apoyado en el árbol mirando hacia mi y antes de que pudiera apartar la mirada hizo un gesto con su mano enorme y me dijo “Eh, tú. Chaval.” Me quedé clavado en el sitio. Dudé si ignorarlo pero con aún más fuerza y haciendo un gesto con los dedos dijo “Ven aquí un momento.” Dudé un segundo pero había algo en su voz que hacía que no se me pudiera pasar por la cabeza decirle que no. Miré a ver si venía algún coche y crucé la calle. El tiempo pasaba a cámara lenta mientras me acercaba a él. Podía intuir una sonrisa debajo del bigote. La sonrisa de alguien que está haciendo lo que le da la gana. Al llegar a su lado, sin esperar ni un segundo me agarró del hombro. Noté el peso de su mano y la fuerza de sus dedos. Esa misma mano que había visto empujando la cabeza de un tío para que se tragara toda su polla.
Pasó un segundo que se me hizo eterno y por fin me atreví a levantar la vista. Él estaba a un palmo de distancia. Me sacudió un poco el hombro y dijo “Solo quiero hablar contigo, chaval.”
Continuará...
Le había visto toda la vida en mi calle. Trabajaba de portero unos cuantos portales mas abajo y yo había pasado miles de veces delante de él. Nunca había pensado nada en particular, solo una de tantas personas que viven a tu alrededor. Era un señor de unos 60 años. Gordote, con el pelo gris y un bigotón. Era fuerte, pinta de bruto. Por la mañana llevaba su mono de trabajo y por las tardes se ponía su uniforme de portero. Siempre le veía charlando con alguien o mirando a la gente pasar apoyado con cierta chulería en un árbol en frente de su portal.
Como decía nunca le había prestado mayor atención hasta que un día le vi en otro sitio. Me lo encontré en una zona de cruising.
Tenía yo 20 años recién cumplidos y la verdad es que todavía tenía poca experiencia con esto de follar con tios. Había quedado con alguno por internet y ya había follado y chupado un par de pollas pero todavía me daba mucho reparo “el mundillo”. Cerca de mi facultad había una zona de cruising, la finca de papá, y algunas noches, si salía tarde de clase, me iba a dar una vuelta por allí. Solo para ver a la gente, quizás ver a alguien meneandose la polla y ver los condones y los pañuelos en el suelo. No me atrevía a meterme mucho entre los arbustos, pero solo ese ambiente ya me daba un morbazo que en cuanto llegaba a casa me tenía que hacer un pajote pensando en el día que me atreviera a ir a más.
En una de estas visitas vi algo de movimiento detrás de un árbol. Había poca luz pero obviamente había un tío agachado y otro agarrandole la nuca. Di un rodeo al montículo para acercarme a echar un ojo. No sé por qué calculé mal y al salir de detrás del montículo me encontré mucho más cerca de ellos de lo que había calculado. Desde ahí podía oir al mamón luchando por coger aire sin parar de chupar, y casi podía oír las babas cuando se atragantaba. La polla estaba empapada y la saliva chorreaba por los cojones. Me quedé embobado con como la tragaba y con como el otro tío no le daba respiro, llevando al límite su capacidad de tragar. Me agarre la polla por encima del pantalón, estaba cachondísimo. De pronto mi atención se fijó en la mano en la nuca. Una mano enorme y basta con los dedos un poco hundidos en su pelo. Por fin seguí aquel brazo peludo para mirar al tío que estaba dando polla y me encontré mirando a los ojos al portero. Por un segundo me quedé congelado. ¿Cuánto tiempo llevaba viendo como yo miraba?
En ese momento el terror se apoderó de mí y salí de allí tan rápido como pude. Me fui a casa con el corazón a mil. Por un lado estaba la vergüenza de que me hubiera visto alguien que sabía donde vivo. Que sabe quién soy. Por otro lado, el calentón salvaje que llevaba encima. Al llegar a casa me hice un pajote pensando en esa polla gorda empapada de babas. Traté de recordar más cosas del momento pero no estaba seguro. Recordaba el ruido de la mamada. Recordabas su mano enorme. Recordaba las babas en la barbilla del mamón. Y aunque no estaba seguro juraría recordar que cuando nos miramos él estaba sonriendo desafiante.
En la cama no paraba de dar vueltas recreando la escena pero también asustado, aunque no sabía bien de qué. Por fin me pude dormir después de hacerme otra paja mientras imaginaba si se habría corrido en la boca o en su cara.
A raíz de esto estuve un tiempo dando rodeos para no pasar directamente por su portal. Esto significaba normalmente caminar por el otro lado de la calle, pero a fin de cuentas la calle no era muy ancha y yo le podía ver. De hecho no podía evitar mirar cada vez que pasaba. Me ponía a mil verle ya fuera con el mono de trabajo como con el traje sabiendo que entre las piernas tenía ese rabo gordo y duro.
Yo que era un niñato me creía muy listo y pensaba que solo yo le estaba fichando y que él no se enteraba pero estaba muy equivocado. En una de estas un día que iba a clase por la tarde bajaba por la acera de enfrente y como siempre miré hacía su portal a ver si lo localizaba. Él estaba preparado. Obviamente tenía fichados mis horarios porque nada más mirar le vi apoyado en el árbol mirando hacia mi y antes de que pudiera apartar la mirada hizo un gesto con su mano enorme y me dijo “Eh, tú. Chaval.” Me quedé clavado en el sitio. Dudé si ignorarlo pero con aún más fuerza y haciendo un gesto con los dedos dijo “Ven aquí un momento.” Dudé un segundo pero había algo en su voz que hacía que no se me pudiera pasar por la cabeza decirle que no. Miré a ver si venía algún coche y crucé la calle. El tiempo pasaba a cámara lenta mientras me acercaba a él. Podía intuir una sonrisa debajo del bigote. La sonrisa de alguien que está haciendo lo que le da la gana. Al llegar a su lado, sin esperar ni un segundo me agarró del hombro. Noté el peso de su mano y la fuerza de sus dedos. Esa misma mano que había visto empujando la cabeza de un tío para que se tragara toda su polla.
Pasó un segundo que se me hizo eterno y por fin me atreví a levantar la vista. Él estaba a un palmo de distancia. Me sacudió un poco el hombro y dijo “Solo quiero hablar contigo, chaval.”
Continuará...

