05-30-2026, 07:47 AM
Ayer estuve en casa de Juan y de Josep, un chalé en Boadilla con jardín y piscina. Estaban un poco cabreados porque estos días el calor aprieta y me llamaron porque la bomba de la piscina no iba, y se les había puesto el agua verde. A Josep no lo conocía, pero a Juan lo conozco de correrías y noches locas en el Berlín cabaret de la calle el Almendro de principios de siglo.
Josep resultó ser bastante simpaticote, un tío de esos muy machos con pelo en pecho y mierda en las rodillas. Bueno, lo de la mierda en realidad no, no le pega, es un tío muy aseado y que cuida mucho su aspecto. Un tío tipo Tomm Selleck, para que me entendáis, pero sin bigote.
Cuando llegué estaban los dos en la terraza, tomando el sol. Después de presentarme a Josep ("Yusep"), y como hay confianza, me invitaron a echarme en una tercera tumbona que ya tenían preparada y me pusieron un tercio de Mahou en la mano. Allí, disfrutando de la mañana madrileña y mirando esa piscina verde me acordé de mis paseos de juventud por Doñana, pero eso será otra historia.
Y sí, la piscina estaba verde, y no, la bomba no funcionaba. Pero no era un problema de la bomba, sino del autómata que lo controlaba, que estaba todo el tiempo al sol y con el calor peta y hay que rearmarlo. Vamos, cuestión de diez segundos y la avería estaba resuelta.
Por eso no os cobro que me da vergüenza, les dije. Hombre se te paga no sólo por lo que haces, sino por lo que sabes, me dice Juan, que para eso eres técnico y habrás metido horas aprendiendo estas cosas. Un tío listo, este Juan, licenciado en derecho y en ingeniería por el ICAI, el chiringuito ese que tienen montado los jesuitas y que lleva pariendo jefes desde hace décadas.
Que no, que no hace falta, de verdad. Si queréis os echo una mano para que se le vaya el color verde, pero os aviso que va a tardar uno o dos días en arreglarse del todo. Lo primero es regular el pH, y luego matar las algas con lejía. ¿Lejía en la piscina? me dice Tomm Selleck. Claro, que te piensas tú que es el cloro, más que lejía, lo que pasa es que vais todos al carrefur y pagáis una pasta en pastillas carísimas que os meten por los ojos cuando el litro de lejía no llega a un euro.
Pues lejía tenemos, y pastillas como un bote de cincuenta sin abrir. Y lo del peache debe de ser ese otro bote que está ahí.
Total que les equilibro el pH con la segunda Mahou y les digo, hala, está un poco fea pero sin problema os podéis bañar. Aprovecha ahora que en un rato le echo la lejía y ahí sí que va a hacer que dejarla actuar toda la noche.
Y tú no te bañas? Me pregunta el Selleck. Es que no traje traje, le dije, reviviendo un chiste infantil.
Pues nos bañamos todos en pelotas, dice el Juan, que no será la primera vez, y se ríe.
Y el Selleck se pone en pelotas sin esperar más y se me queda mirando medio empalmado como diciendo, a ver qué llevas ahí debajo.
Y bueno, para qué os voy a contar más...
Josep resultó ser bastante simpaticote, un tío de esos muy machos con pelo en pecho y mierda en las rodillas. Bueno, lo de la mierda en realidad no, no le pega, es un tío muy aseado y que cuida mucho su aspecto. Un tío tipo Tomm Selleck, para que me entendáis, pero sin bigote.
Cuando llegué estaban los dos en la terraza, tomando el sol. Después de presentarme a Josep ("Yusep"), y como hay confianza, me invitaron a echarme en una tercera tumbona que ya tenían preparada y me pusieron un tercio de Mahou en la mano. Allí, disfrutando de la mañana madrileña y mirando esa piscina verde me acordé de mis paseos de juventud por Doñana, pero eso será otra historia.
Y sí, la piscina estaba verde, y no, la bomba no funcionaba. Pero no era un problema de la bomba, sino del autómata que lo controlaba, que estaba todo el tiempo al sol y con el calor peta y hay que rearmarlo. Vamos, cuestión de diez segundos y la avería estaba resuelta.
Por eso no os cobro que me da vergüenza, les dije. Hombre se te paga no sólo por lo que haces, sino por lo que sabes, me dice Juan, que para eso eres técnico y habrás metido horas aprendiendo estas cosas. Un tío listo, este Juan, licenciado en derecho y en ingeniería por el ICAI, el chiringuito ese que tienen montado los jesuitas y que lleva pariendo jefes desde hace décadas.
Que no, que no hace falta, de verdad. Si queréis os echo una mano para que se le vaya el color verde, pero os aviso que va a tardar uno o dos días en arreglarse del todo. Lo primero es regular el pH, y luego matar las algas con lejía. ¿Lejía en la piscina? me dice Tomm Selleck. Claro, que te piensas tú que es el cloro, más que lejía, lo que pasa es que vais todos al carrefur y pagáis una pasta en pastillas carísimas que os meten por los ojos cuando el litro de lejía no llega a un euro.
Pues lejía tenemos, y pastillas como un bote de cincuenta sin abrir. Y lo del peache debe de ser ese otro bote que está ahí.
Total que les equilibro el pH con la segunda Mahou y les digo, hala, está un poco fea pero sin problema os podéis bañar. Aprovecha ahora que en un rato le echo la lejía y ahí sí que va a hacer que dejarla actuar toda la noche.
Y tú no te bañas? Me pregunta el Selleck. Es que no traje traje, le dije, reviviendo un chiste infantil.
Pues nos bañamos todos en pelotas, dice el Juan, que no será la primera vez, y se ríe.
Y el Selleck se pone en pelotas sin esperar más y se me queda mirando medio empalmado como diciendo, a ver qué llevas ahí debajo.
Y bueno, para qué os voy a contar más...
50 tacos, 1,83m, 88k, velludo sin ser un oso, mas activo que pasivo, y me gusta que me den un buen masaje de rato en rato. Limpieza fundamental, odio los malos olores.

