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Cómetela
#1

Cómetela.

Así, despacio, como te gusta a ti. Sintiendo su sabor intenso, su sabor a hombre, ese sabor a macho que te vuelve loca y te hace comportarte como la puta zorra que eres. Cómetela. Métela hasta que no te quepa más en la boca y te den arcadas porque nunca aprendiste a hacerlo bien.

Cuando tienes una polla en la boca tienes que ensanchar la garganta y respirar por la nariz. Tienes que mover la boca hacia arriba y hacia abajo, retraer los dientes para que no le rocen, ensalivar bien los labios y endurecer sus músculos, para que él, tu macho, disfrute mientras lo haces.

Conmigo vas a aprender, porque te voy a decir paso a paso lo que tienes que hacer. Porque si no lo haces te voy a azotar en el culo como a una colegiala díscola y rebelde que busca llamar la atención.

Cómetela.

Cómetela mientras tus manos se agarran a mi cintura, mientras mi mano agarra firmemente tu nuca y te obliga a metértela hasta lo más profundo de tu garganta. Juega con tu lengua en la punta cuando te dejo finalmente respirar, y lámela desde el escoto hasta el glande con un largo y lento lametón. Sólo para a continuación meterla de nuevo hasta lo más profundo y hacer vacío mientras aguantas las arcadas.

Cómetela.

Cométela mientras te agarro la cabeza fuertemente con las dos manos y empiezo a mover mis caderas rítmicamente mientras te follo la boca. Aprieta los labios, retira tus dientes. Acelero y te digo que me voy a correr. Tú intentas zafarte pero no puedes. Porque no quieres. Porque quieres sentir en tu boca el sabor amargo de la masculinidad, la esencia de macho que es lo que te hace venir a mí una y otra vez pidiendo más.

Cométela, zorra.

Hoy tampoco lo has hecho bien. Date la vuelta, te voy a azotar. Para que aprendas. Una vez. Dos. Tus nalgas enrojecen de placer, de ese placer intenso que te produce someterte. De ese placer anticipado en el momento de comprar tu tanga negro, de depilarte con cuidado, de pensar que vas a ser mía. Tres, cuatro, más.

Límpiamela con la lengua.

Siente de nuevo como crece frente a ti. Te tiro del pelo y te obligo a meterla de nuevo en la boca, te dejo que juegues con al lengua lamiendo los últimos restos de esperma mientras se yergue, enhiesta, y te amenaza con más guerra.

Date la vuelta.

De un tirón te rompo el tanga, ese tanga que habías comprado un bazar chino de mierda pensando en mí. Estás lubricada, como a mí me gusta. Te golpeo esas nalgas enrojecidas con la polla. Una vez, dos, tres. La deslizo arriba y abajo por al entrenalga mientras suspiras de placer y me imploras que te folle.

Métemela. Me dices.

Y te la inserto de un golpe. Despacio, pero firmemente, sin ceder un centímetro atrás. Al principio te cuesta, pero después te relajas. Eso sí lo has aprendido bien. Va a ser rápido porque no busco tu placer sino el mío. Te embisto como un caballo a su yegua. Pongo una mano en tu cadera mientras con la otra tiro de tu pelo echando tu cabeza hacia atrás. Acelero y cuando me dices Sigue, Sígue más me corro dentro de ti.

Cométela, te digo.

Cométela y déjamela limpia como una patena.

Y una vez más, como cada vez que te veo, siento deseos de escupirte, y de mearte encima. 

Pero me contengo, porque sé que te gusta.

50 tacos, 1,83m, 88k, velludo sin ser un oso, mas activo que pasivo, y me gusta que me den un buen masaje de rato en rato. Limpieza fundamental, odio los malos olores.
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#2

Uhmmmmmmmmmm, que bien relatado... me sentía ahí mismo de rodillas. Me he humedecido leyéndolo e imaginado la escena.
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#3

(08-23-2025, 05:03 AM)canillejo me gustaría que me hicieras esto a mí joer escribió:  Cómetela.

Así, despacio, como te gusta a ti. Sintiendo su sabor intenso, su sabor a hombre, ese sabor a macho que te vuelve loca y te hace comportarte como la puta zorra que eres. Cómetela. Métela hasta que no te quepa más en la boca y te den arcadas porque nunca aprendiste a hacerlo bien.

Cuando tienes una polla en la boca tienes que ensanchar la garganta y respirar por la nariz. Tienes que mover la boca hacia arriba y hacia abajo, retraer los dientes para que no le rocen, ensalivar bien los labios y endurecer sus músculos, para que él, tu macho, disfrute mientras lo haces.

Conmigo vas a aprender, porque te voy a decir paso a paso lo que tienes que hacer. Porque si no lo haces te voy a azotar en el culo como a una colegiala díscola y rebelde que busca llamar la atención.

Cómetela.

Cómetela mientras tus manos se agarran a mi cintura, mientras mi mano agarra firmemente tu nuca y te obliga a metértela hasta lo más profundo de tu garganta. Juega con tu lengua en la punta cuando te dejo finalmente respirar, y lámela desde el escoto hasta el glande con un largo y lento lametón. Sólo para a continuación meterla de nuevo hasta lo más profundo y hacer vacío mientras aguantas las arcadas.

Cómetela.

Cométela mientras te agarro la cabeza fuertemente con las dos manos y empiezo a mover mis caderas rítmicamente mientras te follo la boca. Aprieta los labios, retira tus dientes. Acelero y te digo que me voy a correr. Tú intentas zafarte pero no puedes. Porque no quieres. Porque quieres sentir en tu boca el sabor amargo de la masculinidad, la esencia de macho que es lo que te hace venir a mí una y otra vez pidiendo más.

Cométela, zorra.

Hoy tampoco lo has hecho bien. Date la vuelta, te voy a azotar. Para que aprendas. Una vez. Dos. Tus nalgas enrojecen de placer, de ese placer intenso que te produce someterte. De ese placer anticipado en el momento de comprar tu tanga negro, de depilarte con cuidado, de pensar que vas a ser mía. Tres, cuatro, más.

Límpiamela con la lengua.

Siente de nuevo como crece frente a ti. Te tiro del pelo y te obligo a meterla de nuevo en la boca, te dejo que juegues con al lengua lamiendo los últimos restos de esperma mientras se yergue, enhiesta, y te amenaza con más guerra.

Date la vuelta.

De un tirón te rompo el tanga, ese tanga que habías comprado un bazar chino de mierda pensando en mí. Estás lubricada, como a mí me gusta. Te golpeo esas nalgas enrojecidas con la polla. Una vez, dos, tres. La deslizo arriba y abajo por al entrenalga mientras suspiras de placer y me imploras que te folle.

Métemela. Me dices.

Y te la inserto de un golpe. Despacio, pero firmemente, sin ceder un centímetro atrás. Al principio te cuesta, pero después te relajas. Eso sí lo has aprendido bien. Va a ser rápido porque no busco tu placer sino el mío. Te embisto como un caballo a su yegua. Pongo una mano en tu cadera mientras con la otra tiro de tu pelo echando tu cabeza hacia atrás. Acelero y cuando me dices Sigue, Sígue más me corro dentro de ti.

Cométela, te digo.

Cométela y déjamela limpia como una patena.

Y una vez más, como cada vez que te veo, siento deseos de escupirte, y de mearte encima. 

Pero me contengo, porque sé que te gusta.
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#4

Que excitante relato. Y que bien escrito.

65 a., 1,73, 70 kg., delgado, buen mamón.
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#5

!Qué maravilla! Me ha puesto a mil.
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