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hora de comer
#1

Ayer quedé con un señor del foro, Paco, que me pidió que si le podía limpiar la casa. Le dije que en principio no era ése mi oficio, pero me insistió e hizo hincapié en el hecho de que quería que lo hiciera en pelotas. La situación me dio mucho morbo, así que le dije que sí y le pedí la dirección.

Te espero, ven ahora. Me dijo.

Así que me duché y me fui para allá. Paco resultó ser un caballero que a simple vista era muy aseado y educado. Me recibió con un buenosdías vestido impecablemente, de esos que planchan la raya de los pantalones como cuando yo era niño. Me llevó al cuarto donde tenía las cosas de limpiar la casa y me dijo: ahí tienes un delantal. 

Lo miré de arriba abajo como diciendo: no me jodas, en serio quieres que limpie?

Y me hizo un gesto delicado con el dedo, como diciendo: venga, a qué estás esperando?

Así que me quité la camiseta, a lo que respondió con una leve sonrisa, y me dijo: tú vete haciendo, que yo tengo que seguir trabajando. Ahí al fondo hay un cuarto trancado, ahí no se puede entrar. 

Y se fue a otro cuarto que deduje que era su despacho. 

El caso es que me despeloté, me puse el delantal, y agarré la escoba. 

Me barrí toda la casa, asomándome pero sin entrar en su despachito para no molestar, y saqué la fregona. "Con poca agua, que si no, se me estropea el parqué", me dijo. 

Como si yo no supiera de parqué.

Me entretuve mirando las paredes, llenas de fotos de Paco, desde que era niño con sus vacaciones familiares en Nerja, pasando por la universidad, vestido de miliciano, todas reflejando un tipazo impecable de juventud y un pelazo de svensson que ya le gustaría a martínvázquez. Siempre he tenido envidia de los que hicieron la mili, viviendo veinticuatro horas al día rodeado de tíos en la flor de la vida, vestidos de uniforme y ansiosos por descubrir lo que es la vida. Yo me libré por sorteo. Manda huevos, una vez que no quiero y resulta que me toca la lotería.

En el salón tenía una mesa de esas en las que caben ocho comensales. Después de sacarle el polvo con el plumero, me puse a sacarle brillo, pero como era muy grande me costaba llegar al otro lado, así que me tenía que estirar casi apoyando el pecho en la mesa. 

Noté que Paco estaba en la puerta, mirando cómo se me movía el culo, así que aproveché para inclinarme aún más exageradamente, mientras me empalmaba por el morbo que me daba la situación.

"Ahora que has limpiado la mesa, a lo mejor me das algo de comer", me dijo. 

Me lo quedé mirando. Sonreía con una mezcla de amabilidad, complicidad, y deseo. Noté cómo su paquete se marcaba en los pantalones impecablemente planchados y decidí seguir mi instinto. 

Me senté en la mesa, abriendo las piernas y dejando que el delantal se alzara dejando mi polla al aire. "Sientate", le dije, "que te vas a quitar el hambre". Y le señalé la silla que estaba más cerca. Paco cogió una servilleta de un cajón y se la puso en el cuello de la camisa. Se sentó y me contestó "a ver si es verdad".

Y empezó a comerme la polla, con ganas, como si no hubiera desayunado esa mañana. Lo hacía bien, alternando momentos delicados de ensimismamiento con embestidas que hacían que la punta del capullo acariciara su garganta. Poco a poco se fue soltando los botones de la camisa, mientras me succionaba los huevos y deslizaba la lengua despacio hasta la punta del nabo. Se soltó el cinturón y se fue quitando los pantalones, después los gayumbos hasta que se quedó en pelotas y empezó a masturbarse hasta que su polla se convirtió en un auténtico pollón que debía de rozar, si no superar, la mítica barrera de los veinte centímetros. 

Túmbate, me dijo.

Se levantó mientras yo hacía lo que me había pedido y rodeó la mesa quedándose de pie al otro lado. 

Abre la boca, me dijo. Y me la insertó entera de un golpe haciéndome casi regurgitar. La mantuvo dentro dos o tres segundos, que se me hicieron muy largos porque no podía respirar, y empezó a bombear después muy despacio, dejándome ahora sí disfrutar de su polla pero manteniendo todo el control de la situación. 

Se echó hacia delante mientras me follaba la boca y se metió la mía en la suya, a modo de 69, él de pie y yo tumbado en la mesa. Yo veía el cielo, y noté que él también porque empezó a embestir más fuerte acelerando el ritmo de esas caderas que yo ya apretaba con ambas manos y gimiendo mientras me la chupaba.

Yo estaba a punto de correrme, y él lo debió de percibir como una señal, porque en ese momento sacó la polla de mi boca y se corrió abundantemente en mi pecho, en dos o tres corridas que se juntaron con la mía, que me caía ya a esas alturas en la barriga.

En ese momento giré la cabeza y vi cómo un vecino nos estaba viendo desde el otro lado del patio de luces, desde su ventana. Iba impecable, con traje y corbata, y con su pelo, canoso ya, engominado y peinado hacia atrás.

"Mira, te presento a Paco, que nos ha contactado a los dos en el foro".

50 tacos, 1,83m, 88k, velludo sin ser un oso, mas activo que pasivo, y me gusta que me den un buen masaje de rato en rato. Limpieza fundamental, odio los malos olores.
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