05-12-2026, 07:21 PM
Como he visto que varios habéis compartido vuestra primera experiencia, me he animado yo también a hacerlo. Mi primera y, por ahora, única experiencia. Ha quedado algo larga, pero seguro que alguien se reconoce en la experiencia. Además, he disfrutado escribiéndola, espero que también lo hagáis leyéndola.
Fue el año pasado, yo tenía 45 y el otro cincuenta y algo.
Estaba por trabajo en Madrid y por la app de bakala contacté con un tío.
Yo estoy casado con una tía y bien, super feliz, pero desde hace mucho tiempo, antes incluso de conocerla, había sentido curiosidad por follar con un hombre.
De hecho, hago cibersex con tíos, me gusta ver porno gay (también porno hetero), muchas veces me masturbo con un dildo... en fin, q no sé si soy heterocurioso, bisex, o lo que sea… me dan un poco igual las etiquetas.
Y, como iba diciendo, quedé con un tío para probar.
Y bueno, antes había investigado en internet cómo ser un buen pasivo. Porque no os lo había dicho, pero lo que me gusta es el rol de pasivo. Al contrario que en el sexo hetero, donde suelo llevar yo las riendas.
Leo por ahí todo lo de tener la puerta de atrás preparada, limpiar, dilatar antes de la penetración… y, por supuesto, lubricante y condones (no soy idiota, esto ya lo sabía sin necesidad de leerlo en ningún lado). Un poco laborioso, la verdad, pero me ponía súpercerdo de pensarlo, así que compré todo el rollo para, ejem, entregarme.
Vamos, que chateando con este hombre, al final decidimos quedar una mañana, en mi estudio (donde estaba yo alojado).
Me pregunta (todavía por chat) que qué me gustaba y si podía hacer algo especial para mí, a lo que yo contesté que me parecía suficientemente morboso hacerlo con un tío, no necesitaba nada más.
Lo cierto es yo era un mar de dudas, claro, pq una cosa era el morbo, hacerlo online y otra tener a otra persona delante. Y, la verdad, tampoco es que los tíos me llamen demasiado la atención cuando, por ejemplo, voy por la calle, o veo un anuncio. Me pone lo que es el sexo en sí.
Pero bueno, pensaba que tampoco era tan importante. No es algo trascendental y, por lo general, soy de quitarle hierro a las cosas. De modo que si, estando en faena, no me molaba, siempre podía decir que prefería no seguir y dejarlo ahí.
Yo lo pregunté, todavía por chat, si podía hacer algo que le molase a él y me contestó que no hacía falta, pero q si yo quería, me podía poner unas medias, que eso le excitaba mucho. A mí no me hubiese importado, pero íbamos a quedar esa misma mañana y no me apetecía bajar a buscar unas medias a yo qué sé dónde. A él tampoco le importó.
La verdad que hablamos bastante antes de hacerlo fue majo.
Así que yo me puse con el rollo de la lavativa (unos días antes ya había probado cómo hacerla) para estar listo cuando llegase el momento. Esta parte previa al sexo no es la más divertida, pero no me resultó desagradable.
Yo le había insistido que nunca había follado con otro tío, así que acordamos qué hacer: él entraría, se tumbaría en la cama y yo le haría lo que le tenía q hacer hasta que se le pusiera dura, y entonces me pondría a cuatro patas y le daría mi culo. Bastante razonable, no?
Yo estaba hípercaliente, os podéis imaginar. Y eso que en las fotos de su perfil únicamente le había visto su polla. Igual algunos me decís que es una locura quedar sin haber visto más imágenes de la otra persona, pero no soy superficial: gordo, flaco, me traía sin cuidado.
Bueno, yo le insisto (igual fui un poco pesado) en que nunca había estado con un tío y que si iba a ser cuidadoso cuando me la metiese. A lo que me contestó algo así como que esto no iba de dolor, aunque al principio me podía molestar hasta que mi culo se acostumbrase al tamaño de su polla.
Espóiler: dolió
Total, que yo súper nervioso, le di la dirección, lo preparo todo, la cama, los condones, el lubricante… Por otro lado, me pregunto qué estoy haciendo... Pero también excitado como una perra en celo. Ya me entendéis.
Al rato llega, le abro, yo tampoco sabía muy bien cómo actuar, si dar un mínimo de conversación... Él saluda y se va a la cama, tal y como habíamos acordado. Vale, directos, mejor.
Él se quita la ropa y se queda desnudo sobre la cama. Casi ni me había mirado y medio se tapaba la cara con el brazo. Supongo que también presa de la vergüenza. ¿Os había dicho que los dos éramos casados?
Él sin depilar, yo rasurado. Yo 175 y 73 kg, él alrededor de 185 y 85-90 kg. Era más grande que yo, no de gimnasio, pero sí corpulento. Eso me moló.
Me quito la camiseta y los pantalones y me quedo en calzoncillos. Con mi mano, empiezo a tocarle su pene, todavía en reposo. ¿Me gustaría? De momento no me parecía desagradable. Le puse algo de saliva, acercando mi boca. Pero ya habíamos quedado previamente en que todo iba a ser con condón, también comérsela.
Supongo que en otras ocasiones la acción va precedidas de preliminares. En este caso, ninguno de los dos los queríamos ni necesitábamos.
Total, que ahí estoy yo, masturbando a un tío que ni siquiera conocía, superando como buenamente podía el corte que me daba.
La verdad que no estaba mal. Creo recordar que yo tenía ya una erección casi completa. Pero si no era completa, desde luego lo fue cuando él me echó la mano al paquete y me empezó a tocar. Yo aún tenía los bóxer puestos. “No te cortes”, le dije, me los quité y comenzó a pajearme (yo estaba como sentado a su lado, en escorzo hacia su polla).
Ya los dos estábamos desnudos y aunque me gustaba lo que me estaba haciendo, lo de pajearme, yo tenía más interés en su polla, de modo que me moví. Él, que seguía tumbado boca arriba, abrió las piernas y yo me puse entre ellas, a cuatro patas en el hueco que dejaba, con mi boca cerca de su polla mientras le seguía pajeando. Ya le estaba empezando a crecer y no era para nada pequeña (en las fotos de su perfil siempre había visto su miembro en reposo).
“Ponme el condón y chúpamela”, dijo directamente. Claro, yo obediente, lo hice. ¿Os había dicho que me pone mucho fantasear con que me someten? No fue de lo más fácil porque todavía la tenía morcillona, de modo que medio se lo puse y me metí su polla en mi boca.
Desde el principio tenía mis dudas y pensaba “qué estás haciendo?”, pero me estaba gustando. Y se la fui chupando como buenamente supe. Yo había practicado hacer felaciones con dildos (me gusta jugar en solitario con él y metérmelo en la boca hasta que me dan arcadas) y también con plátanos pelados: si eres capaz de succionar haciendo fuerza con los labios, pero sin dejar la marca de los dientes en la fruta, se supone que lo estás haciendo bien.
Y así debe ser porque, pasados un par de minutos, me preguntó “seguro que es la primera vez que lo haces?”; “sí” contesté yo sacándome su polla de mi boca; “pues lo haces muy bien, sigue así”. Agradecido por el cumplido, contesté: “he practicado...”. Vale, ya sé que no es lo más sensual que se puede decir en ese momento. Podía haber respondido “es que me pones muy perra”, “es que disfruto chupándotela”, o algo así, pero qué le vamos a hacer, era mi primerita vez xd.
Y seguí comiéndosela. Ya empezaba a gemir ligeramente y, poco a poco le iba creciendo y empezaba a tener que abrir mi boca al máximo. “Vaya pollón”, le dije. No es que tuviera un pene enorme, pero mi boca no es demasiado grande.
“Chúpame los huevos”, me dijo de repente. No me lo esperaba y dudé algo. No es que me gustase mucho la idea, pero ya que estábamos al lío, lo hice. No sabía demasiado bien cómo proceder, a mí no me gusta que me los chupen. Y para comer una polla había ensayado con el plátano. Quizá también tendría que haber practicado lo de los huevos con unas mandarinas…
Así que hice lo que se me ocurrió, los besaba y les pasaba la lengua de atrás hacia delante. A mí me parecía algo un poco cómico.
No recuerdo el sabor, pero sí la textura, como algo pegajosa. No sé, no es lo que más me gustó, pero tampoco me molestó. A él sí le estaba gustando y, mientras gemía y me decía “así, así”, me empezaba a acariciar la cabeza con sus manos.
Es esas, tomó mi cabeza con sus manos y sujetándomela, me volvió a meter su polla en mi boca, moviendo su cadera hacia mí. Sí, se puede decir que me estaba follando la boca. Y me estaba encantando. Hasta que me dio una arcada y retiré mi cabeza de forma involuntaria.
Él dejó de sujetarme la cabeza. A mí me hubiese gustado decirle que siguiera, que me la follara cuanto quisiera, que me ponía increíblemente cerda, pero no sé, tenía un montón de sensaciones en mi cabeza y medio que tampoco era dueño de todo lo que hacía. De modo que seguí chupándosela, haciendo yo el movimiento, arriba y abajo, arriba y abajo. Y joder, no es que fuese de actor porno, pero sí que tenía una polla bien gorda! “Te gusta? -dijo- Pues sigue”. Estuve un par de minutos más.
“Ponte a cuatro patas”, me ordenó mientras se incorporaba. “Aquí, al borde de la cama, delante del espejo, quiero ver cómo te follo”. Y sí, junto a la cama había un espejo que le dejaba una imagen perfecta de lo que estábamos haciendo. “Dame el lubricante”, me ordenó nuevamente. Antes de quedar, por el chat, me había preguntado si yo era sumiso, y le dije que, por cam, sí, pero en persona, como nunca lo había hecho, no lo sabía. La verdad es que yo seguía cachondo perdido y esas órdenes todavía me ponían más.
De modo que obedecí en todo. Me puse a cuatro al borde de la cama, le di el lubricante y él se lo aplicó una parte en su polla y otra en mi culo.
Me la acercó y yo sólo acerté a pedirle “despacio, por favor”. Me la puso en el ano y comenzó a empujar. Me molestaba y, como acto reflejo, me fui hacia adelante, como huyendo de su ariete. “Tienes que relajarte”. “Vale”, contesté.
Continuó empujando, muy brusco para mi gusto porque me estaba haciendo daño.
Forcejeé un poco, trataba de sujetarle el cuerpo con una de mis manos mientras me alejaba. Pero en ningún momento pensé en dejarlo.
“Despacio, despacio”, casi le suplicaba mientras gemía, mitad dolor, mitad ganas de que entrase. “Relájate…”, decía él mientras me sujetaba.
Yo sólo tenía experiencia en penetración con mi dildo, de modo que hice lo que hago cuando me lo estoy metiendo: hacer fuerza como para expulsar algo a través del ano. Y, entonces, como me pasa con el dildo, voilà, su polla me entró entera, algo que él celebró con un gemido de placer. Supongo que mis ojos se abrirían como platos al notar la sensación de tener una polla en mi culo.
Y no voy a romantizar esta primera penetración: sí, era doloroso.
“Ves, ya está dentro, no ha sido para tanto”, me dijo. De momento solo la estaba dejando dentro, sin hacer ningún movimiento. La verdad que para mí era incómodo, me estaba doliendo, pero tampoco me apetecía parar porque quería notar la sensación de ser follado.
Entonces comenzó a moverse, adelante y atrás, adelante y atrás, despacio. Supongo que, a su modo, fue cuidadoso. Yo todavía no estaba disfrutando. Seguía estirando mi mano hacia su cuerpo para que no acelerara el ritmo. “Al principio molesta, no te preocupes”, me consoló. Sabía que tenía que haberme dilatado antes, pero yo qué sé, tampoco se piensa todo cuando surgen esas situaciones y pensé que, si me la metía poco a poco, fluiría más.
“Te gusta?” Me preguntó. Yo claro, contesté que sí, porque es verdad que la situación era súpermorbosa. La había imaginado un millón de veces y tener a un tío metiéndome su dura polla en mi culo era una fantasía cumplida. Pero placer, lo que se dice placer, no estaba sintiendo.
Él, mientras, gemía mientras ponía sus manos en mis caderas. Adelante y atrás, dentro y fuera.
Y pasaron un par de minutos haciéndomelo así y, como él había prometido, mi dolor empezaba a remitir. Ya empezaba a concentrarme en el placer. Y joder, me estaba gustando!!
Poco a poco fue acelerando el ritmo… y sí, definitivamente, el dolor había dejado paso a un enorme placer. Tenía el culo lleno y me estaba flipando. Hace un instante me pregunta si me arrepentiría y ahora mismo deseaba que el momento durase todo el día. Según lo escribo, me vuelvo a poner burrísimo.
“Baja la cabeza, pégala al colchón”, me ordenó. Obedecí de inmediato, preguntando “así?” cuando mi cabeza descansaba sobre las sábanas. Supongo que quienes tenéis más experiencia ya sabéis lo que sucede, pero yo no lo sabía, y claro, mi culo como que quedó más dispuesto para que él lo disfrutase a su antojo. Como una rendición total.
Yo tampoco me voy a quejar porque la verdad que, como os decía, ya me estaba gustando… y mucho. Escuchar cómo resoplaba y gemía según me la iba metiendo y sacando, me volvía loco.
En una de sus acometidas, en serio, noté como que me reventaba el culo. Me pegó una embestida salvaje y grité, esta vez, mitad de gusto, mitad de susto. No le pregunté, pero pensé que me la había clavado hasta la base de su polla que sería aún más gruesa. Como os decía, dentro de unos límites, supongo que él también estaba teniendo cuidado. Me hubiese gustado decirle que me la metiera así, hasta dentro, duro, hasta hacerme suplicar. Pero como ya me he excusado en estas líneas, uno no dice todo lo que le gustaría que le hicieran y menos en su primera vez.
“A ver tu rabo…”, me dijo mientras me lo agarraba y empezaba a masturbar. Creo recordar que en ese momento no la tenía del todo dura, había perdido parte de la erección. Algo raro en mí que, como en el meme, me tocan un brazo y ya estoy palote, por eso lo cuento. Supongo que estaba más liado con otras sensaciones. El caso es que, en seguida, volvió la firmeza.
No pasó mucho tiempo, un par de minutos, quizá. Yo ya estaba disfrutando como una perra. Miraba hacia atrás y veía como él también lo hacía. “Azótame”, pensé, “sé el dueño de mi culo”, pero no lo dije, claro, me daba apuro (no me juzguéis).
“Me voy a correr!”, dijo gimiendo. “Te quieres correr dentro?”, acerté a preguntar. “No, ponte de rodillas”. Me hubiese puesto canchondísimo que se hubiese corrido en mi cara, en mi boca… pero los dos sabíamos que eso no estaba en los planes, de modo que me puse de rodillas, colocando mi cabeza un poco por encima de su polla para que no me salpicara en el rostro.
Y ahí, entre gemidos, soltó como seis o siete trallazos de semen que fueron a parar a mi cuello, mi pecho y por varias partes del suelo. Su semen, caliente y espeso, resbalaba por mi torso.
“Uf, qué bueno. Voy a limpiarme”, dijo de forma algo mecánica y se metió en el aseo. Mientras lo hacía, yo trataba de secarme su lefa con papel higiénico. Por un lado, me ponía bastante cerdo el haber sido regado con su semen y, por otro, también me daba algo de asco. Supongo que será normal esa mezcla de sensaciones.
Cuando salió del aseo, yo no sabía qué se suponía que iba a pasar. Me iba a hacer a mí una paja? Me diría “ahora quiero que te corras para mí”? En ese caso, me forzaría a comerme mi propio semen? (ojalá).
Nada de eso. Me señaló lo bonito que era el estudio, se vistió y se marchó.
Ahí me quedé yo, solo, desnudo, con su lefa chorreando por mi cuerpo, con una erección de caballo y más caliente que las llamas del infierno. Os podéis imaginar que la paja que me hice en la ducha fue antológica.
Y así fue mi primera y única vez con un tío. Fue una situación súpermorbosa y, aunque hubiese cambiado bastantes cosas, la vedad es que no me arrepiento y lo volvería a hacer.
Fue el año pasado, yo tenía 45 y el otro cincuenta y algo.
Estaba por trabajo en Madrid y por la app de bakala contacté con un tío.
Yo estoy casado con una tía y bien, super feliz, pero desde hace mucho tiempo, antes incluso de conocerla, había sentido curiosidad por follar con un hombre.
De hecho, hago cibersex con tíos, me gusta ver porno gay (también porno hetero), muchas veces me masturbo con un dildo... en fin, q no sé si soy heterocurioso, bisex, o lo que sea… me dan un poco igual las etiquetas.
Y, como iba diciendo, quedé con un tío para probar.
Y bueno, antes había investigado en internet cómo ser un buen pasivo. Porque no os lo había dicho, pero lo que me gusta es el rol de pasivo. Al contrario que en el sexo hetero, donde suelo llevar yo las riendas.
Leo por ahí todo lo de tener la puerta de atrás preparada, limpiar, dilatar antes de la penetración… y, por supuesto, lubricante y condones (no soy idiota, esto ya lo sabía sin necesidad de leerlo en ningún lado). Un poco laborioso, la verdad, pero me ponía súpercerdo de pensarlo, así que compré todo el rollo para, ejem, entregarme.
Vamos, que chateando con este hombre, al final decidimos quedar una mañana, en mi estudio (donde estaba yo alojado).
Me pregunta (todavía por chat) que qué me gustaba y si podía hacer algo especial para mí, a lo que yo contesté que me parecía suficientemente morboso hacerlo con un tío, no necesitaba nada más.
Lo cierto es yo era un mar de dudas, claro, pq una cosa era el morbo, hacerlo online y otra tener a otra persona delante. Y, la verdad, tampoco es que los tíos me llamen demasiado la atención cuando, por ejemplo, voy por la calle, o veo un anuncio. Me pone lo que es el sexo en sí.
Pero bueno, pensaba que tampoco era tan importante. No es algo trascendental y, por lo general, soy de quitarle hierro a las cosas. De modo que si, estando en faena, no me molaba, siempre podía decir que prefería no seguir y dejarlo ahí.
Yo lo pregunté, todavía por chat, si podía hacer algo que le molase a él y me contestó que no hacía falta, pero q si yo quería, me podía poner unas medias, que eso le excitaba mucho. A mí no me hubiese importado, pero íbamos a quedar esa misma mañana y no me apetecía bajar a buscar unas medias a yo qué sé dónde. A él tampoco le importó.
La verdad que hablamos bastante antes de hacerlo fue majo.
Así que yo me puse con el rollo de la lavativa (unos días antes ya había probado cómo hacerla) para estar listo cuando llegase el momento. Esta parte previa al sexo no es la más divertida, pero no me resultó desagradable.
Yo le había insistido que nunca había follado con otro tío, así que acordamos qué hacer: él entraría, se tumbaría en la cama y yo le haría lo que le tenía q hacer hasta que se le pusiera dura, y entonces me pondría a cuatro patas y le daría mi culo. Bastante razonable, no?
Yo estaba hípercaliente, os podéis imaginar. Y eso que en las fotos de su perfil únicamente le había visto su polla. Igual algunos me decís que es una locura quedar sin haber visto más imágenes de la otra persona, pero no soy superficial: gordo, flaco, me traía sin cuidado.
Bueno, yo le insisto (igual fui un poco pesado) en que nunca había estado con un tío y que si iba a ser cuidadoso cuando me la metiese. A lo que me contestó algo así como que esto no iba de dolor, aunque al principio me podía molestar hasta que mi culo se acostumbrase al tamaño de su polla.
Espóiler: dolió
Total, que yo súper nervioso, le di la dirección, lo preparo todo, la cama, los condones, el lubricante… Por otro lado, me pregunto qué estoy haciendo... Pero también excitado como una perra en celo. Ya me entendéis.
Al rato llega, le abro, yo tampoco sabía muy bien cómo actuar, si dar un mínimo de conversación... Él saluda y se va a la cama, tal y como habíamos acordado. Vale, directos, mejor.
Él se quita la ropa y se queda desnudo sobre la cama. Casi ni me había mirado y medio se tapaba la cara con el brazo. Supongo que también presa de la vergüenza. ¿Os había dicho que los dos éramos casados?
Él sin depilar, yo rasurado. Yo 175 y 73 kg, él alrededor de 185 y 85-90 kg. Era más grande que yo, no de gimnasio, pero sí corpulento. Eso me moló.
Me quito la camiseta y los pantalones y me quedo en calzoncillos. Con mi mano, empiezo a tocarle su pene, todavía en reposo. ¿Me gustaría? De momento no me parecía desagradable. Le puse algo de saliva, acercando mi boca. Pero ya habíamos quedado previamente en que todo iba a ser con condón, también comérsela.
Supongo que en otras ocasiones la acción va precedidas de preliminares. En este caso, ninguno de los dos los queríamos ni necesitábamos.
Total, que ahí estoy yo, masturbando a un tío que ni siquiera conocía, superando como buenamente podía el corte que me daba.
La verdad que no estaba mal. Creo recordar que yo tenía ya una erección casi completa. Pero si no era completa, desde luego lo fue cuando él me echó la mano al paquete y me empezó a tocar. Yo aún tenía los bóxer puestos. “No te cortes”, le dije, me los quité y comenzó a pajearme (yo estaba como sentado a su lado, en escorzo hacia su polla).
Ya los dos estábamos desnudos y aunque me gustaba lo que me estaba haciendo, lo de pajearme, yo tenía más interés en su polla, de modo que me moví. Él, que seguía tumbado boca arriba, abrió las piernas y yo me puse entre ellas, a cuatro patas en el hueco que dejaba, con mi boca cerca de su polla mientras le seguía pajeando. Ya le estaba empezando a crecer y no era para nada pequeña (en las fotos de su perfil siempre había visto su miembro en reposo).
“Ponme el condón y chúpamela”, dijo directamente. Claro, yo obediente, lo hice. ¿Os había dicho que me pone mucho fantasear con que me someten? No fue de lo más fácil porque todavía la tenía morcillona, de modo que medio se lo puse y me metí su polla en mi boca.
Desde el principio tenía mis dudas y pensaba “qué estás haciendo?”, pero me estaba gustando. Y se la fui chupando como buenamente supe. Yo había practicado hacer felaciones con dildos (me gusta jugar en solitario con él y metérmelo en la boca hasta que me dan arcadas) y también con plátanos pelados: si eres capaz de succionar haciendo fuerza con los labios, pero sin dejar la marca de los dientes en la fruta, se supone que lo estás haciendo bien.
Y así debe ser porque, pasados un par de minutos, me preguntó “seguro que es la primera vez que lo haces?”; “sí” contesté yo sacándome su polla de mi boca; “pues lo haces muy bien, sigue así”. Agradecido por el cumplido, contesté: “he practicado...”. Vale, ya sé que no es lo más sensual que se puede decir en ese momento. Podía haber respondido “es que me pones muy perra”, “es que disfruto chupándotela”, o algo así, pero qué le vamos a hacer, era mi primerita vez xd.
Y seguí comiéndosela. Ya empezaba a gemir ligeramente y, poco a poco le iba creciendo y empezaba a tener que abrir mi boca al máximo. “Vaya pollón”, le dije. No es que tuviera un pene enorme, pero mi boca no es demasiado grande.
“Chúpame los huevos”, me dijo de repente. No me lo esperaba y dudé algo. No es que me gustase mucho la idea, pero ya que estábamos al lío, lo hice. No sabía demasiado bien cómo proceder, a mí no me gusta que me los chupen. Y para comer una polla había ensayado con el plátano. Quizá también tendría que haber practicado lo de los huevos con unas mandarinas…
Así que hice lo que se me ocurrió, los besaba y les pasaba la lengua de atrás hacia delante. A mí me parecía algo un poco cómico.
No recuerdo el sabor, pero sí la textura, como algo pegajosa. No sé, no es lo que más me gustó, pero tampoco me molestó. A él sí le estaba gustando y, mientras gemía y me decía “así, así”, me empezaba a acariciar la cabeza con sus manos.
Es esas, tomó mi cabeza con sus manos y sujetándomela, me volvió a meter su polla en mi boca, moviendo su cadera hacia mí. Sí, se puede decir que me estaba follando la boca. Y me estaba encantando. Hasta que me dio una arcada y retiré mi cabeza de forma involuntaria.
Él dejó de sujetarme la cabeza. A mí me hubiese gustado decirle que siguiera, que me la follara cuanto quisiera, que me ponía increíblemente cerda, pero no sé, tenía un montón de sensaciones en mi cabeza y medio que tampoco era dueño de todo lo que hacía. De modo que seguí chupándosela, haciendo yo el movimiento, arriba y abajo, arriba y abajo. Y joder, no es que fuese de actor porno, pero sí que tenía una polla bien gorda! “Te gusta? -dijo- Pues sigue”. Estuve un par de minutos más.
“Ponte a cuatro patas”, me ordenó mientras se incorporaba. “Aquí, al borde de la cama, delante del espejo, quiero ver cómo te follo”. Y sí, junto a la cama había un espejo que le dejaba una imagen perfecta de lo que estábamos haciendo. “Dame el lubricante”, me ordenó nuevamente. Antes de quedar, por el chat, me había preguntado si yo era sumiso, y le dije que, por cam, sí, pero en persona, como nunca lo había hecho, no lo sabía. La verdad es que yo seguía cachondo perdido y esas órdenes todavía me ponían más.
De modo que obedecí en todo. Me puse a cuatro al borde de la cama, le di el lubricante y él se lo aplicó una parte en su polla y otra en mi culo.
Me la acercó y yo sólo acerté a pedirle “despacio, por favor”. Me la puso en el ano y comenzó a empujar. Me molestaba y, como acto reflejo, me fui hacia adelante, como huyendo de su ariete. “Tienes que relajarte”. “Vale”, contesté.
Continuó empujando, muy brusco para mi gusto porque me estaba haciendo daño.
Forcejeé un poco, trataba de sujetarle el cuerpo con una de mis manos mientras me alejaba. Pero en ningún momento pensé en dejarlo.
“Despacio, despacio”, casi le suplicaba mientras gemía, mitad dolor, mitad ganas de que entrase. “Relájate…”, decía él mientras me sujetaba.
Yo sólo tenía experiencia en penetración con mi dildo, de modo que hice lo que hago cuando me lo estoy metiendo: hacer fuerza como para expulsar algo a través del ano. Y, entonces, como me pasa con el dildo, voilà, su polla me entró entera, algo que él celebró con un gemido de placer. Supongo que mis ojos se abrirían como platos al notar la sensación de tener una polla en mi culo.
Y no voy a romantizar esta primera penetración: sí, era doloroso.
“Ves, ya está dentro, no ha sido para tanto”, me dijo. De momento solo la estaba dejando dentro, sin hacer ningún movimiento. La verdad que para mí era incómodo, me estaba doliendo, pero tampoco me apetecía parar porque quería notar la sensación de ser follado.
Entonces comenzó a moverse, adelante y atrás, adelante y atrás, despacio. Supongo que, a su modo, fue cuidadoso. Yo todavía no estaba disfrutando. Seguía estirando mi mano hacia su cuerpo para que no acelerara el ritmo. “Al principio molesta, no te preocupes”, me consoló. Sabía que tenía que haberme dilatado antes, pero yo qué sé, tampoco se piensa todo cuando surgen esas situaciones y pensé que, si me la metía poco a poco, fluiría más.
“Te gusta?” Me preguntó. Yo claro, contesté que sí, porque es verdad que la situación era súpermorbosa. La había imaginado un millón de veces y tener a un tío metiéndome su dura polla en mi culo era una fantasía cumplida. Pero placer, lo que se dice placer, no estaba sintiendo.
Él, mientras, gemía mientras ponía sus manos en mis caderas. Adelante y atrás, dentro y fuera.
Y pasaron un par de minutos haciéndomelo así y, como él había prometido, mi dolor empezaba a remitir. Ya empezaba a concentrarme en el placer. Y joder, me estaba gustando!!
Poco a poco fue acelerando el ritmo… y sí, definitivamente, el dolor había dejado paso a un enorme placer. Tenía el culo lleno y me estaba flipando. Hace un instante me pregunta si me arrepentiría y ahora mismo deseaba que el momento durase todo el día. Según lo escribo, me vuelvo a poner burrísimo.
“Baja la cabeza, pégala al colchón”, me ordenó. Obedecí de inmediato, preguntando “así?” cuando mi cabeza descansaba sobre las sábanas. Supongo que quienes tenéis más experiencia ya sabéis lo que sucede, pero yo no lo sabía, y claro, mi culo como que quedó más dispuesto para que él lo disfrutase a su antojo. Como una rendición total.
Yo tampoco me voy a quejar porque la verdad que, como os decía, ya me estaba gustando… y mucho. Escuchar cómo resoplaba y gemía según me la iba metiendo y sacando, me volvía loco.
En una de sus acometidas, en serio, noté como que me reventaba el culo. Me pegó una embestida salvaje y grité, esta vez, mitad de gusto, mitad de susto. No le pregunté, pero pensé que me la había clavado hasta la base de su polla que sería aún más gruesa. Como os decía, dentro de unos límites, supongo que él también estaba teniendo cuidado. Me hubiese gustado decirle que me la metiera así, hasta dentro, duro, hasta hacerme suplicar. Pero como ya me he excusado en estas líneas, uno no dice todo lo que le gustaría que le hicieran y menos en su primera vez.
“A ver tu rabo…”, me dijo mientras me lo agarraba y empezaba a masturbar. Creo recordar que en ese momento no la tenía del todo dura, había perdido parte de la erección. Algo raro en mí que, como en el meme, me tocan un brazo y ya estoy palote, por eso lo cuento. Supongo que estaba más liado con otras sensaciones. El caso es que, en seguida, volvió la firmeza.
No pasó mucho tiempo, un par de minutos, quizá. Yo ya estaba disfrutando como una perra. Miraba hacia atrás y veía como él también lo hacía. “Azótame”, pensé, “sé el dueño de mi culo”, pero no lo dije, claro, me daba apuro (no me juzguéis).
“Me voy a correr!”, dijo gimiendo. “Te quieres correr dentro?”, acerté a preguntar. “No, ponte de rodillas”. Me hubiese puesto canchondísimo que se hubiese corrido en mi cara, en mi boca… pero los dos sabíamos que eso no estaba en los planes, de modo que me puse de rodillas, colocando mi cabeza un poco por encima de su polla para que no me salpicara en el rostro.
Y ahí, entre gemidos, soltó como seis o siete trallazos de semen que fueron a parar a mi cuello, mi pecho y por varias partes del suelo. Su semen, caliente y espeso, resbalaba por mi torso.
“Uf, qué bueno. Voy a limpiarme”, dijo de forma algo mecánica y se metió en el aseo. Mientras lo hacía, yo trataba de secarme su lefa con papel higiénico. Por un lado, me ponía bastante cerdo el haber sido regado con su semen y, por otro, también me daba algo de asco. Supongo que será normal esa mezcla de sensaciones.
Cuando salió del aseo, yo no sabía qué se suponía que iba a pasar. Me iba a hacer a mí una paja? Me diría “ahora quiero que te corras para mí”? En ese caso, me forzaría a comerme mi propio semen? (ojalá).
Nada de eso. Me señaló lo bonito que era el estudio, se vistió y se marchó.
Ahí me quedé yo, solo, desnudo, con su lefa chorreando por mi cuerpo, con una erección de caballo y más caliente que las llamas del infierno. Os podéis imaginar que la paja que me hice en la ducha fue antológica.
Y así fue mi primera y única vez con un tío. Fue una situación súpermorbosa y, aunque hubiese cambiado bastantes cosas, la vedad es que no me arrepiento y lo volvería a hacer.

