01-15-2026, 11:41 AM
El año pasado me dijeron que por edad me tocaba hacer la prueba de cáncer de colon. Mi colon debía de estar un poco de aquella manera, porque salió algo raro en el análisis previo y me dijeron que convenía hacer una prueba intrusiva. Siempre he pensado que debe de ser un trabajo bastante desagradable, sobre todo si al final además tienes que dar malas noticias al paciente, que por suerte, no fue el caso, y no lo dejo para decirlo al final.
El caso es que me acerqué al hospital curioso por esa prueba intrusiva. En mi mente me imaginaba lo peor, un dedo hurgando mi ano, dilatando mi esfínter, palpando un no sé qué, y yo mientras poniendo cara de circunstancias, como si no me estuviera gustando y posiblemente estuviera empalmado de lo lindo.
Al llegar me hacen pasar a una salita donde me recibe un auxiliar con una sonrisa. "primera vez, no?" "pues sí, parece que toca".
Me sigue la conversación con un no-te-preocupes,que-aquí-no-nos-comemos-a-nadie y pienso para mis adentros lo de que "pues-qué-pena,porque-estás-para-que-te-me-coma-yo-a-ti" y poco a poco nos vamos relajando un poco, que intuyo que para la prueba en cuestión venga bien.
En eso me dice, desnúdate, puedes dejar la ropa ahí colgada, te quitas el reloj y todas tus joyas, y te pones esta batita tan linda que te dejo aquí encima. Me empiezo a despelotar y después de estarse como medio minuto mirando el espectáculo me dice que ahí no, que pase detrás del biombo, y me acompaña con la mirada mientras me meto dentro. Ni que decir tiene que yo andaba ya con un empalme supino, y cuando me pongo la bata resulta que era de esas cortas que te dejan con el culo al aire, así que al salir con un gesto reflejo me la intento apretar un poco por detrás para taparme decorosamente, lo que no fue una buena idea porque al hacerlo la parte delantera se apretó contra el cipote, cachondo perdido como yo estaba, algo que no debió de quedar estéticamente muy acertado, pero que en cualquier caso al enfermero le hizo sonreir, o al menos yo interpreté la mueca como tal.
Te voy a dar algo para que te relajes, me dijo, que veo que te hace falta.
Me puse colorado como un tomate y no supe que decirle.
Anda, túmbate en esa camilla, y ponte esta máscara en la boca, que te va a tranquilizar un rato. Total que me tumbo y me dice: así no, mirando para la pared. Vamos, que tenía que dejar el culo disponible para lo que viniera después.
Como total había venido para eso, y el chaval hablaba con mucho aplomo, me dí la vuelta y empecé a respirar de la máscara. Y sí que es cierto, que en un par de minutos estaba muy relajado.
Perfecto, ya veo que vas bien, me dice, ahora te voy a preparar para que venga el proctólogo.
Y no escuché más, me quedé dormido al instante, en una de las mejores siestas que me he echado en mi vida. Desperté un rato después, que no sabría decir si fueron cinco minutos o cincuenta, con una sensación de paz que hacía tiempo que no sentía, y una sensación de humedad en mi ojete, que pensé sería por algún tipo de lubricante que usaran en la intervención.
Me quedé quieto por si acaso me daba un mareo, y en eso que vuelve a entrar el enfermero con una sonrisa en la boca, y me dice que cómo me encuentro, que todo ha ido muy bien y que ya me darán el informe pero que no hay nada de qué preocuparse.
Le doy y las gracias, medio atontado todavía, y le pregunto que cómo está él.
Y me dice "genial, ya podían venir todos los días tíos como tú, yo también estoy mucho más relajado que hace un rato".
Y se fue.
El caso es que me acerqué al hospital curioso por esa prueba intrusiva. En mi mente me imaginaba lo peor, un dedo hurgando mi ano, dilatando mi esfínter, palpando un no sé qué, y yo mientras poniendo cara de circunstancias, como si no me estuviera gustando y posiblemente estuviera empalmado de lo lindo.
Al llegar me hacen pasar a una salita donde me recibe un auxiliar con una sonrisa. "primera vez, no?" "pues sí, parece que toca".
Me sigue la conversación con un no-te-preocupes,que-aquí-no-nos-comemos-a-nadie y pienso para mis adentros lo de que "pues-qué-pena,porque-estás-para-que-te-me-coma-yo-a-ti" y poco a poco nos vamos relajando un poco, que intuyo que para la prueba en cuestión venga bien.
En eso me dice, desnúdate, puedes dejar la ropa ahí colgada, te quitas el reloj y todas tus joyas, y te pones esta batita tan linda que te dejo aquí encima. Me empiezo a despelotar y después de estarse como medio minuto mirando el espectáculo me dice que ahí no, que pase detrás del biombo, y me acompaña con la mirada mientras me meto dentro. Ni que decir tiene que yo andaba ya con un empalme supino, y cuando me pongo la bata resulta que era de esas cortas que te dejan con el culo al aire, así que al salir con un gesto reflejo me la intento apretar un poco por detrás para taparme decorosamente, lo que no fue una buena idea porque al hacerlo la parte delantera se apretó contra el cipote, cachondo perdido como yo estaba, algo que no debió de quedar estéticamente muy acertado, pero que en cualquier caso al enfermero le hizo sonreir, o al menos yo interpreté la mueca como tal.
Te voy a dar algo para que te relajes, me dijo, que veo que te hace falta.
Me puse colorado como un tomate y no supe que decirle.
Anda, túmbate en esa camilla, y ponte esta máscara en la boca, que te va a tranquilizar un rato. Total que me tumbo y me dice: así no, mirando para la pared. Vamos, que tenía que dejar el culo disponible para lo que viniera después.
Como total había venido para eso, y el chaval hablaba con mucho aplomo, me dí la vuelta y empecé a respirar de la máscara. Y sí que es cierto, que en un par de minutos estaba muy relajado.
Perfecto, ya veo que vas bien, me dice, ahora te voy a preparar para que venga el proctólogo.
Y no escuché más, me quedé dormido al instante, en una de las mejores siestas que me he echado en mi vida. Desperté un rato después, que no sabría decir si fueron cinco minutos o cincuenta, con una sensación de paz que hacía tiempo que no sentía, y una sensación de humedad en mi ojete, que pensé sería por algún tipo de lubricante que usaran en la intervención.
Me quedé quieto por si acaso me daba un mareo, y en eso que vuelve a entrar el enfermero con una sonrisa en la boca, y me dice que cómo me encuentro, que todo ha ido muy bien y que ya me darán el informe pero que no hay nada de qué preocuparse.
Le doy y las gracias, medio atontado todavía, y le pregunto que cómo está él.
Y me dice "genial, ya podían venir todos los días tíos como tú, yo también estoy mucho más relajado que hace un rato".
Y se fue.
50 tacos, 1,83m, 88k, velludo sin ser un oso, mas activo que pasivo, y me gusta que me den un buen masaje de rato en rato. Limpieza fundamental, odio los malos olores.

