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Mis experiencias como putita 2
#1

Ví como se desnudaba y se iba al cuarto de baño, se metía en la ducha y se lavaba toda la entrepierna de manera rápida pero a conciencia. Yo por mi parte estaba aún con el traje puesto, y solo miraba con atención como su polla morcillona se movía.
Salío de la ducha y se puso una de las toallas de baño alrededor de la cintura. Me pregunto: ¿Que haces todavía con la ropa puesta?.
No supe decir nada, me desnudé y me fui a la ducha a hacer lo mismo que él. Cuando salí, se me ocurrió ponerme la otra toalla de baño, alrededor del cuerpo, a la altura de los sobacos, es decir, como las mujeres.
Al ir a la habitación, él se había sentado en uno de los sillones que ponen a los pies de la cama y me miró y me dijo algo que me puso muy caliente, “Se ve que debes ser una buena zorra, pero no sabes como hacerlo”.
Uff, solo le dije, “dímelo tú“.
Él simplemente separó las piernas, abrió la toalla que llevaba puesta y me dijo; “empecemos por ver como me haces una mamada, vamos arrodíllate y mámamela”.
Yo le obedecí, sin más preámbulo, cojí una almohada de la cama, me puse delante de él, me puse de rodillas y le toqué la polla, la agarré y me la quedé mirando. Si, no me atrevía a más.
Entonces el me dijo, “empieza por darle besos y verás como te la acabas metiendo en la boca”.
Así lo hice, le dí un par de besos en la base y fui subiendo hasta llegar a su capullo. Al tocar con mis labios el capullo, noté como cada vez era más grande, más dura, y entonces la agarre con mi mano derecha, (la izquierda me ayudaba a mantenerme de rodillas). Efectivamente, en menos de un minuto coloqué mis labios y me metí capullo en la boca. Entonces me preguntó, “ Mira a ver hasta donde eres capaz de metértela y acaríciame los huevos a la vez”. Yo solamente obedecía, pero me gustaba.
Al cabo de unos 3 minutos me dijo que me pusiera a un lado del sillón para que pudiera comprobar si era verdad que era virgen. Lo hice. Mientras yo seguía con la mamada y acariciando los huevos, él empezó a acariciarme el culo en todo su contorno, sin llegar al centro. Cuando lo hizo yo pegué un respingo y me dijo, “tranquilo, aún no pasa nada”.
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